Solórzano Foppa fue asesinado pese a contar con seguridad policial: las dudas que deja el caso

El asesinato del exjefe de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT) y activista Juan Francisco Solórzano Foppa, registrado un sábado 17 de octubre en el Campo Marte, representa un duro golpe para la democracia guatemalteca y un retroceso en la lucha contra la impunidad.
El crimen, ocurrido a pocos días del homicidio del periodista Evelio López en Huehuetenango, desnuda la vulnerabilidad de las voces críticas y los defensores de derechos humanos en el país.
Solórzano Foppa contaba con un esquema de seguridad asignado por la Policía Nacional Civil compuesto por cuatro agentes, y había denunciado públicamente vínculos entre políticos, corrupción y pandillas. Sin embargo, su muerte bajo custodia de escoltas estatales expone graves fallas operativas y debilidades institucionales arraigadas tanto en el Ministerio de Gobernación como en la propia corporación policial.
Especialistas en fiscalización ciudadana advierten que este caso demuestra que las reformas policiales e institucionales promovidas durante décadas no han logrado desmantelar las redes de crimen organizado incrustadas en el Estado. Ante un inminente proceso electoral, la falta de esclarecimiento de este magnicidio profundiza el temor social, genera autocensura en los medios de comunicación y debilita la gobernabilidad del presidente Bernardo Arévalo frente a los sectores que utilizan la violencia para imponer sus intereses políticos y económicos.