Lamine Yamal rellena con goles su depósito de felicidad

«Ahora soy feliz jugando», soltó tras firmar ante el Villarreal (4-1) su primer triplete con la zamarra del Barcelona Lamine Yamal, quien, después de un primer tramo de temporada complicado, ha encontrado en el gol el mejor aliado para recuperar su mejor versión en un momento clave de la temporada.
Ante el equipo ‘groguet’, el extremo de Mataró (Barcelona), de 18 años, no solo se convirtió en el futbolista más joven en la historia del club catalán en marcar un ‘hat-trick’ en LaLiga, sino que igualó los 18 tantos que anotó el curso pasado en 55 partidos. Esta temporada, ha alcanzado esta cifra en 34 encuentros, erigiéndose en el máximo goleador del equipo azulgrana.
Una pubalgia menguó su rendimiento
Y eso que los primeros compases del presente curso no fueron fáciles para el joven internacional español. Una pubalgia menguó su rendimiento. Sus sensaciones no eran buenas. Le faltaba esa explosividad tan necesaria para un extremo de sus características.
En septiembre, se perdió cinco partidos con su club después de jugar con molestias frente a Bulgaria y Turquía con la selección española, lo que generó cierta tensión entre el entrenador del Barcelona, Hansi Flick, y el seleccionador, Luis de la Fuente.
En los dos siguientes parones internacionales, en octubre y noviembre, se quedó en Barcelona para seguir un plan de recuperación de su pubalgia que parece haber dado sus frutos, aunque este inicio de año 2026 tampoco ha sido un camino de rosas, según reconoció el propio Lamine Yamal.
Ahora vuelve a «sonreír» jugando al fútbol
«No era feliz jugando, se notaba. Desde hace una semana o así, me encuentro mucho mejor. Me dan ganas de sonreír jugando como hacía tiempo que no me pasaba», apostilló el futbolista del barrio de Rocafonda tras su sobresaliente actuación frente al Villarreal.
Lamine ha sufrido los altibajos lógicos de un futbolista de su edad. Capaz de completar actuaciones brillantes, partidos en los que lo intentó todo pero no salió nada, como cuando falló un penalti en el pinchazo ante el Girona (2-1), y duelos más discretos.
También ha mostrado cierta frustración sobre el césped. Por ejemplo, hace una semana ante el Levante, mantuvo un diálogo con el técnico Hansi Flick, que le ordenaba que atacara el segundo palo en los centros desde la banda izquierda. El técnico lo sustituyó antes del pitido final y se sentó en el banquillo, mientras el atacante catalán abandonaba el terreno de juego con cara de pocos amigos.
Todo lo contrario a lo que sucedió ante el Villarreal. La sublime actuación de Lamine acabó en el minuto 73, poco después de marcar el tercer gol, y su reacción fue muy distinta a la que mostró ante el Levante. «Con Flick, hablamos del cambio si llegaba el tercer gol. Lo metí yo y se juntaron las dos cosas», reconoció entre risas.
Desde la sala de prensa, el técnico azulgrana celebraba la actuación de su pupilo, al que agradeció no solo su portentosa exhibición ofensiva, que espera que le dé confianza, sino también su sacrificio defensivo en la presión.
Lamine Yamal crece antes de iniciar un tramo decisivo de la temporada en el que el Barça aspira a afianzarse como líder de LaLiga, remontar este martes un 4-0 en contra en la vuelta de semifinales de la Copa del Rey frente al Atlético de Madrid y clasificarse para los cuartos de final de la Liga de Campeones.