De un berrinche a un caos: así comenzó la crisis que consume al Madrid

Los clásicos no pasan, se quedan a vivir en la memoria. Y este que regresa ahora, con el Real Madrid atravesando una tormenta que parece no acabar nunca, conduce inevitablemente a aquella noche del 26 de octubre de 2025, hace seis meses y catorce días exactamente, cuando el Bernabéu descubrió que algo se había roto entre Vinícius y el Real Madrid de Xabi Alonso.
Aquel día el brasileño protagonizó la primera gran sacudida pública de una crisis que después se fue agrandando como una grieta en una presa. Corría el minuto 72 del choque frente al Barcelona cuando Xabi Alonso decidió sustituirle. Entró Rodrygo y Vinícius emprendió el camino del vestuario sin detenerse siquiera a mirar al entrenador. Ni saludo, ni gesto conciliador. Sólo rabia.
Y una escena fruto de un berrinche, llena de aspavientos, brazos al aire y una frase que al día siguiente ocupó titulares y tertulias: «¿Yo? ¿Yo? ¿Yo? No es posible. Yo me voy del equipo, mejor me voy».
El Bernabéu asistió atónito a la protesta de su estrella mientras el partido seguía latiendo. Más tarde, ya con el Real Madrid por delante en el marcador (2-1), Vinícius regresó en el descuento para sentarse en el banquillo, aunque la noche aún le guardaba otro episodio desagradable: un encontronazo con Lamine Yamal, al que emplazó a verse después del encuentro con una actitud muy alejada de la cordialidad.
Aquella sustitución dejó al descubierto una fractura evidente entre Vinícius y Xabi Alonso. Una herida que nunca cicatrizó y que terminó por llevarse por delante al técnico después de otro clásico, apenas dos meses más tarde, tras la final de la Supercopa de España que el Barcelona ganó 3-2. Xabi Alonso no sobrevivió a aquella derrota y el club blanco entregó el banquillo a Álvaro Arbeloa.
Durante semanas se habló más de gestos que de explicaciones, hasta que Vinícius encontró un micrófono abierto en la víspera de uno de los duelos frente al Bayern Múnich. Entonces admitió públicamente lo que ya era un secreto a voces: nunca llegó a conectar con su entrenador.
«Fue un momento difícil, porque jugaba muchos partidos, pero tenía pocos minutos. Pero cada entrenador tiene sus métodos. Cada entrenador va con sus cosas y yo creo que no fue posible conectar como él quería. Pero fue un aprendizaje y ojalá pueda seguir así con Arbeloa, que tengo una conexión maravillosa con él y siempre me ha dado confianza. Siempre ha dicho lo que realmente tengo que hacer».
El problema es que para entonces el Real Madrid ya caminaba cuesta abajo. La eliminación ante el Bayern en los cuartos de final de la Liga de Campeones cerró la puerta al último título y dejó al club en manos de una ansiedad desconocida. Después llegaron las polémicas en cadena, algunas nuevas y otras ya conocidas pero que juntas sumaban un pequeño aquelarre.
La más grave, esta semana, fue el doble enfrentamiento entre Tchouaméni y Valverde, que terminó con el uruguayo en el hospital con una brecha en la frente y con ambos expedientados y sancionados con 500.000 euros mientras medio mundo miraba con asombro a un vestuario convertido en un campo minado.
Pero no fue la única polémica. En Chamartín resonaron también los casos de Asencio, Carvajal y Dani Ceballos, todos ellos marcados por desacuerdos con Arbeloa. Tampoco ayudaron el bofetón de Rüdiger a Carreras ni las escapadas de Mbappé lesionado en plena caída deportiva del equipo.
La historia de Valverde y Tchouaméni fue la gota que colmó el vaso, el caso que hizo estallar todo por los aires. Y lo que más molestó a Arbeloa fueron los chivatos, aquellos que airearon los problemas internos.
«Que se filtren cosas que pasan en el vestuario me parece una deslealtad y una traición a este escudo», dijo en vísperas del nuevo clásico. «No trabajo en la CIA y no acuso a los jugadores, hay mucha gente alrededor del Real Madrid. Lo que pasa con mis jugadores van a quedar entre ellos y yo y hay que dar ejemplo», añadió.
Pero toda crisis tiene un principio. Y la de este Real Madrid también. El primer gran estallido llevó la firma de Vinícius, que aquel día discutió en público las decisiones de Xabi Alonso y más tarde reconoció que nunca hubo entendimiento entre ambos. Lo suyo no fue una filtración ni un rumor de pasillo. Fue un desafío a plena luz, delante del Bernabéu y en mitad de un Clásico.
Curiosamente, otro Clásico espera ahora a Vinícius para cerrar el círculo. Porque en estos partidos, en el Real Madrid de hoy, siempre acaba pasando algo. En el primero, el enfado mayúsculo del brasileño con Xabi Alonso. En el segundo, la destitución del técnico tolosarra. Falta el tercero, en el que el equipo de Arbeloa podría ser el triste testigo directo del alirón del Barcelona para cerrar un curso para olvidar.